• Mª Ángeles Arquero Pardo

La culpa, el precio de la libertad

Actualizado: 13 de mar de 2020


Sientes culpa cada vez que avanzas por caminos, más allá de los límites aceptados. También te impide la culpa, tomar ciertas decisiones, o mantenerte en ellas, y por eso hay deseos en tu vida, que tienes postergados, no logras cambiar o crecer al ritmo que te gustaría.

El deseo o la motivación es una energía que te impulsa hacia adelante. La culpa, es una de las emociones que te retiene e inmoviliza. No puedes evitarla, puedes escucharla o ignorarla, pero la sentirás siempre que transgredas la norma. Te propongo ver estas emociones como acelerador y freno respectivamente, moduladoras por tanto, de la dirección y velocidad de nuestras decisiones en la vida.


Cuáles son las culpas que nos asaltan a las mujeres en periodos de cambio?.

La culpa se deriva de que sientes haber incumplido deberes interiorizados. En el estereotipo de mujer en el que hemos crecido, somos condicionadas para prodigar cuidados. Te sientes culpable porque crees que abandonas tu responsabilidad como madre, hija, esposa, amante, profesional, o modelo de buena amiga o buena persona, al dar curso a deseos propios, como por ejemplo:

  • Eliges trabajar fuera de casa, o retomar tu profesión tras/ durante la crianza, o en lugar de cuidar a tus mayores.

  • Dices NO a alguna demanda o favor de los demás, porque quieres dedicarte a hacer algo de interés personal.

  • Haces un viaje de placer con amigas, o sales sola, o asistes a una formación que requiere desplazamiento y te parece que abandonas el hogar.

  • Creces en independencia económica, decides qué hacer con tus ingresos y te sientes culpable si los inviertes en ti, en lugar de en los demás

  • Creas un espacio propio en casa y pones límites a los demás para que lo respeten, o normas para su uso compartido.

  • Sientes deseo de conocer nuevas personas o abrirte a una nueva relación de pareja.

  • Decides separarte de tu pareja o piensas en esa posibilidad.

  • Decides dejar tu trabajo para tomarte un tiempo sabático y abrirte a un nuevo camino.

  • Te reduces la jornada laboral para dedicarte a otros propósitos.

  • Te presentas a un examen para consolidarte o promocionarte laboralmente.

Hay algo por lo que no nos sintamos culpables las mujeres?


También te puedes sentir culpable, en un rol opuesto, cuando defines límites e insistes en acordar y hacer que se ejecuten normas de funcionamiento:


  • Al organizar un cuadrante de reparto de tareas domésticas para que participen todos.

  • Por enfadarte cuando encuentras cada día la ropa en el suelo del baño, la mesa sucia después del desayuno, la luz encendida en habitaciones vacías.

  • Por pedir que se regulen cuestiones en el trabajo, como el aire acondicionado, que no se fume en la oficina, o cualquier otro asunto que suponga poner límites y acuerdos.

  • Por pedir que te paguen lo acordado en un trabajo.

Te sientes culpable de ser la que molesta, la que incordia, al recordar la misma norma de forma reiterada. Culpable de no ser amable, amorosa, cordial y asertiva siempre, otro mandato esencial femenino.

Conflictos entre deseo y culpa, nos acompañan a las mujeres desde que Eva mordió la manzana. Va ligada al impuso de explorar más allá de lo permitido por las normas, los valores, las costumbres. Es consecuencia de juicios de valor que escuchaste y tú asumiste internamente por pertenecer a la sociedad y a tu familia. En el inconsciente social, la culpa está adjudicada al género femenino como si el masculino no pudiera sentirla. Pero es natural cambiar, evolucionar y eso supone transgredir y obviamente no es exclusividad femenina.

Desde una perspectiva lógica, para comprender esta adjudicación al género femenino, vamos a verlo como principios lógicos, podríamos decir que el principio femenino presente en cualquier ser humano, es el que se encarga de abrir el tiempo generando experiencias, con preguntas, inquietudes, deseos, necesidades, curiosidad por conocer y explorar lo que la vida puede ofrecernos. Y el principio masculino, el propósito o finalidad, es el que pone fin a esas exploraciones a través de las respuestas, metas alcanzadas, que cierran la aventura exploratoria, y acaban convirtiéndose en normas, límites listos para ser transgredidos de nuevo cuando surja otro deseo o inquietud. La cuestión es que una vez alcanzada una meta, la necesidad por ir más allá de la frontera conquistada, puede seguir motivando la acción y eso es lo que hace que el ser humano siga evolucionando, y conquistando su tiempo. A mayor intolerancia al error propio y ajeno, a salirse del plato, de la costumbre, es decir, a mayor perfeccionismo, mayor culpabilidad cuando das un paso más allá, por cualquier motivo. Cuanto más rígida seas en tus creencias, más culpa sentirás al cambiarlas. Y la rigidez es consecuencia del miedo. Es normal tener y asumir reglas. Pero estas pueden ser flexibles según la funcionalidad actual.

La facilidad de asumir normas viene de la necesidad de pertenencia. Te sientes segura por inclusión en la familia y grupo social y esto es natural, biológico. Pero también lo es la diferenciación y la rebeldía. El precio emocional del proceso de individuación, es la culpa y la soledad, te sientes diferente y separada, pero también realizada.

Observa que te afecta de forma diferente si te encuentras en fase de desvalorización y depresión, es decir en estado vagotónico, o introvertido, te inmoviliza. Si la culpa te encuentra activada, enérgica, no te inmoviliza, más bien hará que te defiendas con acción, autoafirmación, e incluso con ira, o con compulsión. Esto no son estilos estables de unas u otras mujeres, sino estados alternos con los que reaccionamos todas, según las interacciones con los demás. Según la nueva medicina germánica en su estudio del comportamiento humano, la conducta será depresiva o maníaca según los estímulos, desafíos, shock, recibidos del contexto. Es decir nuestra respuesta se actualiza en equilibrio con el conjunto.

Si te fijas, hay una culpa en la que eres tú la rebelde y otra vivencia de culpa cuando imponemos la norma a otros que no quieren cumplirla. Estamos ubicadas en los dos roles complementarios. Interesante verdad? Somos ejecutoras de deseos al transgredir normas y limitadoras de deseos ajenos al insistir en el respeto a los acuerdos o poner limites a los hij@s. En ambos casos la culpa está ahí, como una carga energética, haciendo presión para cuestionarnos la validez de la norma. Esa incomodidad que sentimos nos informa de que hay un límite y podemos actualizarlo en el presente de nuevo.

Esta es la forma en la que yo he funcionalizado la culpa en mi vida:


  • Pregúntate por la función actual de lo que quieres hacer y de la norma o valor que te limita para ver si te sirve ahora a tí y a tu contexto.

  • Decide validar o no, en ese momento.

  • Sí ya actuaste y la culpa es a posteriori, revisa la función y decide de nuevo ahora.

Cuando pierdes el control, te pones agresiva, manipuladora, o victima, en una especie de alteración transitoria de tu conducta, que te hace sentir avergonzada porque no respondiste asertivamente, hay una inteligencia biológica que regula el proceso. Por nuestra educación, usamos el perdón o la compensación para redimir la culpa de un conflicto pasado, pero volvemos a caer en lo mismo, porque tiene una función biológica de regulación grupal y de actualización de potenciales a nivel individual. Existe una forma de autoregulación holística de la conducta, que va más allá de las normas sociales, familiares, que hace que reaccionemos de forma sumisa o dominante según el contexto, el número y tipo de interacciones con el mismo, y que origina una danza complementaria con las personas con las que me vinculo. Conocer esto te puede hacer abordar las situaciones pasadas que hoy te generan culpa, observando una finalidad mayor a la personal, una coherencia o equilibrio dinámico que ordena las relaciones desde el inconsciente biológico, estimulándonos mutuamente a través de las conflictivas que los vínculos nos procuran.

En resumen, a veces te sentirás y expresarás con confianza, seguridad, función diferenciadora que te hace avanzar autoreferente, rebelde. Y otras veces sentirás culpa y miedo, función conservadora que te frena en la acción, para respetar la costumbre o revisarla. Como ves en ambos casos hay una actualización útil para tí y el conjunto, pues tu avance y rebeldía sirve para la evolución de la especie y tu conservación de la norma también, si el momento lo requiere.


Uso varios elixires florales (del sistema de Bach y propios) para facilitar estos procesos en mis consultantes:


  • Pino: Funcionaliza la culpa.

  • Haya: Aumenta la tolerancia al error.

  • Alerce: Aumenta la seguridad y autoconfianza.

  • Col: Favorece la diferenciación.

  • Flor de Lis: Individuación en armonía integrada con el colectivo.


La crema facial holística que elaboré esta semana lleva Pino y Haya, para integrar todo esto que he compartido sobre la culpa y autoexigencia en mi vida.


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Un abrazo y feliz semana!!



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